Vivimos un momento de inflexión. La sostenibilidad ha dejado de ser solo un compromiso ético para convertirse en un requisito regulatorio y un factor competitivo. En este contexto, el informe se establece como instrumento de transparencia, prueba de credibilidad y brújula que guía la adaptación a la transición climática y social.
Los desafíos ESG son cada vez más complejos, y ninguna empresa los enfrenta sin estructuras internas sólidas y colaboradores preparados. La Global Reporting Initiative (GRI) subraya que un informe eficaz resulta de la combinación de conocimiento técnico, capacidad analítica, pensamiento estratégico y habilidades de comunicación. A los responsables de sostenibilidad les corresponde transformar datos dispersos en información clara, rigurosa e inspiradora.
Entre las competencias clave destaca la alfabetización regulatoria. Dominar marcos como la CSRD, la Taxonomía Europea, las directrices de la GRI o los estándares VSME permite transformar obligaciones en oportunidades, anticipar tendencias y reforzar la competitividad de la empresa.
La capacidad analítica y la gestión de datos también son esenciales. Sin cifras fiables, el informe pierde valor. El dominio de herramientas digitales, la interpretación de indicadores y la integración de información entre áreas garantizan coherencia y solidez en el reporte.
Pero no basta con recopilar datos. Se necesita pensamiento estratégico. El valor del informe reside en orientar decisiones, anticipar riesgos, identificar oportunidades y alinear los objetivos ESG con la visión a largo plazo. Los informes de mera conformidad son estáticos, mientras que los estratégicos transforman la organización.
La comunicación también es decisiva. La sostenibilidad cobra vida cuando los números se convierten en narrativas que inspiran y convencen. Los inversores exigen resultados, los colaboradores buscan motivación y las comunidades valoran la transparencia. Traducir datos en narrativas impactantes construye reputación, confianza y relevancia social.
Sin embargo, ninguna competencia prospera sin estructuras internas sólidas, procesos claros de recopilación e integración de datos, herramientas digitales fiables, líneas de reporte definidas y una cultura de transparencia. El reporte no es una tarea aislada: exige misión colectiva, participación transversal y un gestor con liderazgo informal, empatía y resiliencia para superar resistencias.
El informe de sostenibilidad debe reflejar la realidad de la empresa. Si en las grandes organizaciones implica cubrir múltiples áreas y operaciones complejas, en las pymes significa centrarse en los temas más relevantes y en los impactos reales del negocio y de la cadena de valor. Lo esencial no es la extensión del informe, sino la coherencia, claridad y rigor de los datos.
Por último, la verificación externa añade una dimensión estratégica al informe de sostenibilidad. Al igual que en otros tipos de auditorías, garantiza que los datos reportados son fiables y coherentes, fortaleciendo la credibilidad de la organización ante inversores, clientes y socios. Además de reducir riesgos de greenwashing, permite identificar áreas de mejora en los procesos internos, aumentar la confianza de las partes interesadas y posicionar a la organización como referente en buenas prácticas de gobernanza y sostenibilidad. Con la verificación externa, el informe deja de ser un documento meramente formal y se convierte en un verdadero instrumento de confianza y ventaja competitiva.
Ivo Robim
Unit Leader | Sustainability and ESG - APCER
Artículo elaborado en el marco del proyecto AEP Novo Rumo a Norte – Rumo à Sustentabilidade










